Due chiacchiere con Flavita Banana.

Flavia Álvarez-Pedrosa (Oviedo, 1987), más conocida por su firma artística Flavita Banana. Fotografía: Inti Gajardo.

Vale. Voy a confesarlo. Flavita Banana (Oviedo, 1987) me puede. Me azulea. Ella se ha declarado siempre a favor del negro, pero el tamponado de sus ocurrentes viñetas es de colores; el humo y rumores que levanta, también. O sea, la pirotecnia entera.

—Martín Parra: ¿Por qué no hay más espacio para viñetas en prensa? ¿Nos vemos aún en una suerte de minoría de edad, que un vigilante espectro estatal protege?
—Flavita Banana: Pues no me lo explico. Suelo contar que si ves a alguien leyendo el periódico (por encima y en diez minutos) en una barra de bar, el tiempo de un café, miran los titulares grandes, pero todo el mundo sin excepción se para un segundo a mirar la viñeta del final; que suele estar con los pasatiempos, horóscopo y demás. Quienes dirigen los periódicos no hablan con quienes los leen. ¡Menos columnistas y más viñetistas!

—M.P.: Culturalmente patrocinamos lo más potable, lo más corriente, a fin de no hacernos demasiado lío; que todo se comprenda, sea conmovedor; que todo se disponga para un camino conmovedor. ¿De verdad los españoles estaríamos cerca de salir de eso, de sobrevivir a un cambio de paradigma cultural?
—F.B.: En ocasiones me lo pregunto, ya que algo no me cuadra. Hay muchos canales “buenistas” que están triunfando, y a su vez lo mío funciona de maravilla. Honestamente, no pienso que lo mío sea fácil ni amable, y aún así a mucha gente le gusta. Tengo la sensación de que menospreciamos la capacidad de humor del público. Hay una larga tradición de humor absurdo en este país, no les tratemos como a idiotas.

—M.P.: Tus viñetas tienden cada vez más a lo esquemático. “Abrevia, este es un mundo ocupado”, nos dices (¿nos lo dices?); ¿es un argumento de algo? ¿Qué quieres demostrar, refutar o justificar con ello? ¿Obedece no más que al ramalazo de una etapa?
—F.B.: Tengo la costumbre de hacer una comparación: si vas andando o en coche y te topas con un cartelazo enorme, de fondo blanco, con letras enormes en negro, lo leerás, aunque no quieras, ¿no? Estamos entrenados para leer, aunque no queramos. El trazo que uso, la proporción entre blanco y negro, es similar al de la tipografía. Si ves una de mis viñetas de refilón, no puedes evitar mirarla. Poco detalle, poca letra, te la comes involuntariamente. Parece vagancia, pero es un estudio de mercado calculado. Y además me gusta trabajar la tinta así.

—M.P.: La celebridad, el alineamiento (libremente con unos y no con otros), la independencia artística, la habilidad social. ¿Son cuatro elementos imposibles de disociar del cuerpo del oficio? ¿Puede vulnerarse la proporción de alguno de ellos, sin que la mezcla se corte? ¿Cuánta veteranía has adquirido en autocontrol?
—F.B.: Francamente, hago siempre lo que me da la gana. Si algo aprendí es que cuanto más humana eres, mejor. Yo, sencillamente trato de no mezclar vida y trabajo: en mi perfil de Instagram va todo lo profesional, en stories lo que me pasa por la cabeza en ese momento en la vida. Además, en este formato decidí no vender humo, sino mostrar la vida real para que la chavalada no idealice a quienes tenemos muchos seguidores. Enseño mis axilas sudadas, mi casa (compartida), mi barriga generosa, mi gato obeso, etcétera. Con el tema de la celebridad, este año ya decidí retirarme de todo evento que requiera mi presencia física. Me limitaré a ser dibujante. Mi día a día debe volver a ser como el de cualquiera. No es nada agradable ser famosa.

—M.P.: ¿El artista de hoy, pues, se ha convertido en un mozo de cuerda (de todo el proceso participa y ese es su inevitable comercio)?
—F.B.: No entiendo eso que dices. ¿Supongo que te refieres a que la vida personal se mezcla con la obra? Pues eso para quien lo quiera, a mí no me interesa.

—M.P.: Flavita Banana no teme a posibles represalias (penales, se entiende); ¿cierto o falso? ¿Dónde no estarías dispuesta a llegar por defender una viñeta?
—F.B.: El problema hoy en día es que si la lías no te vas a la cárcel tres meses. Todo proceso judicial suele solucionarse con multas millonarias. No defiendo ir a la cárcel, pero puesta a elegir, elijo ser castigada como humana, trabajos forzados o algo así. Obviamente jamás debería penalizarse un chiste, eso lo sabemos. Pero como el castigo (lo hemos visto en varias ocasiones) es apoquinar, yo no me arriesgo. Suelo hablar de la táctica “Caballo de Troya”. Hablo del tema actual y trato de apuntarlo con el dedo sin que se note. En prensa nacional no tocaré un tema que me mande a juicio ni loca. La valentía es de imbéciles.

—M.P.: De pronto pienso en pinturas rupestres. Aquella gente sabía sintetizar. Hay algunas imágenes de arte macroesquemático a las que sólo les falta el bocadillo y el rizo elocuente; serían un “flavita”. Con la deriva casi póstuma de lo analógico, ¿dejaremos algún rastro material de nuestro llano paso por el planeta (no del paso más agresivo; de ése sobradas huellas)?
—F.B.: Pues espero que mis dibujos no sean algo que quede para las arqueólogas del porvenir, sino más bien mis fotos o vídeos. Las viñetas pretenden ayudar a la gente, resumir y sintetizar ese absurdo o esencia última de nuestras acciones. Las del futuro no lo entenderían. Y lo digo en femenino porque creo que es el género que sobreviviría. Dirán: “menuda feminista de pacotilla”. Pero viendo mis stories o fotos del móvil la gente asentiría afirmando: “¡ah! eso era, qué chulos los árboles y el cielo azul.”

—M.P.: ¿El fenómeno Flavita Banana es inalterable? ¿Podría de pronto, voluntaria o involuntariamente, desmontarse? ¿Qué otro logro estarías planteándote en tal caso?
—F.B.: Mi desaparición súbita es mi gran sueño. No se sabe cuándo, pero ocurrirá. Lo de Flavita Banana y las redes lo asocio a lo profesional, y la vida es mucho más que eso. Basta que un día me levante girada para que se acabe de repente. Como los jardineros, disfrutemos mientras podamos.

Entrevista: Martín Parra.

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