El milagro del sistema sanitario público.

Desde 2013, las “Mareas Blancas” se movilizan para defender la sanidad pública. Fotografía: Julio Muñoz.

Con la perspectiva de los meses y viendo el vaso medio lleno sobre las repercusiones de la pandemia que desde marzo agrede de manera inmisericorde a los ciudadanos españoles debo decir que hay cosas realmente positivas. No hay mal que por bien no venga, dicen que dijo el dictador monotesticular cuando se enteró de la muerte de Carrero Blanco y de que el día del atentado el entonces secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, el mejor espía y el más criminal de la historia de ese país, estaba “casualmente” en Madrid.

Digo y reitero que hay consecuencias positivas de esta pandemia y la primera que se me ocurre es el excelente éxito de la sanidad pública, que supo resistir a los embates de la enfermedad, poniendo no sólo en valor, sino en su punto más álgido la efectividad de un modelo sanitario que algunos interesados en vender la salud habían puesto en almoneda desde muchos años atrás.

Podría decirse que se trata del milagro de la sanidad pública, sino fuera porque es el resultado de un cuantioso tiempo de inversión, gasto y trabajo de investigación y campo para poner a prueba si el sistema funcionaba o no.

Y ha sido precisamente en los lugares en los que la sanidad pública no se ha puesto al servicio de los intereses más bastardos de los negociantes, donde el modelo ha resistido con toda la fuerza posible y ha demostrado que estaba perfectamente preparado para aguantar lo que se les echara.

En cambio, en comunidades autónomas como Madrid y Cataluña, donde la derecha subastó entre sus amiguetes y los dueños de las clínicas privadas el patrimonio de todos, cuando el coronavirus SARS-CoV-2 atacó con furia, hizo aguas a las defensas de los sanitarios privados y los casos de contagios y de muertes se multiplicaron con respecto a la España de la sanidad pública.

Este gran triunfo del modelo sanitario público ha conseguido reducir a la mínima expresión a los partidarios de las clínicas privadas y si hoy algún gobierno se plantea volver a vender este sistema a los depredadores de la salud, saldrá enseguida por la ventana y se encontrará con el rechazo de la ciudadanía.

Es el momento, pues, de revertir todos aquellos apartados en los que aún se mantenga el espíritu privatizador y, sobre todo, de inyectar mucho más dinero al sistema sanitario público para que, si se vuelve a producir una enfermedad similar, haya capacidad de respuesta y resistencia para doblegar a los virus e infecciones que nos invadan. Porque nos va la salud y la vida en ello.

Texto: Vicente Bernaldo de Quirós.

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