sábado, 26 de septiembre de 2020

El ojo clínico de José María Aznar.

En la imagen, el ex-presidente del Gobierno español José María Aznar. Fotografía de archivo.

En oftalmología se define la miopía como el defecto que resulta de la refracción del ojo que impide ver diáfanamente de lejos, pero que permite ver con claridad de cerca. La hipermetropía es otro problema de la visión contrario, es decir que se observa mal de cerca, pero muy limpiamente de lejos.

Vistas estas características de la visión, me gustaría saber qué problemas con el ojo clínico tiene José María Aznar, que atisbó perfectamente que en Irak, es decir, lejos de casa, existían armas de destrucción masiva en tiempos de Saddam Hussein, pero no supo advertir que cerca de su casa y en concreto en su propio partido —del que fue presidente y ahora lo es de honor— abunda la corrupción a nivel orgánico y a nivel político.

De resultas de estos diagnósticos, parece apropiado decir que José María Aznar ve fatal de cerca y también de lejos, por lo que podría ser miope e hipermétrope a la vez, lo que resultaría disparatado porque, es imposible que suceda eso, como no se puede sorber y soplar a la vez.

Grosso modo, los oculistas niegan la posibilidad de que haya a la vez miopes y pacientes de hipermetropía, porque a la sazón lo que sucedería es que el enfermo tiene una ceguera total. Coinciden los expertos en que Aznar no es ni una cosa ni la otra, sino un sectario de tomo y lomo que ve lo que le sugiere su fanatismo ideológico, por lo que en términos de jurisdicción universal tiene todas las papeletas para ser considerado un criminal de guerra.

Ahora que el ex-presidente vuelve a estar de subidón con la llegada al poder en el Partido Popular de Pablo Casado, es bueno y pertinente que saquemos a la luz las incongruencias de quien dirigiera los destinos de España para que no se llegue a arriba y nos vuelva a meter en otra guerra ilegal. Que sepa todo dios de buena voluntad que en Irak no hubo armas de destrucción masiva y el PP está condenado por ser un nido de corruptos. Que nadie se deje engañar. Las cosas, claras.

Texto: Vicente Bernaldo de Quirós.

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