domingo, 27 de septiembre de 2020

La tortura como forma de purificación.

David Nebreda, “Autorretrato – detalle” (1989-1990).

“Mi propia realidad es peor que las fotos. He pagado mi precio, pero estoy orgulloso de ello. No soy un masoquista o un fotógrafo de heridas.” (David Nebreda)

David Nebreda (Madrid, 1952) es un artista de tendencia esquizofrénica paranoica que desde sus inicios ha llevado siempre al límite su trabajo. Utiliza su cuerpo como soporte de sus creaciones; en una experiencia extrema con el dolor nos muestra su personal interpretación de lo real.

Nebreda es un creador vanguardista y revolucionario. En sus fotografías se percibe un profundo equilibrio entre el rigor metodológico y una emoción de corte dramático que da como resultado una imaginería próxima al barroquismo. Sus autorretratos parecen surgir de un exceso casual, de una catarsis fruto de la enfermedad mental que sufre desde la adolescencia, y en realidad ni el más mínimo detalle está en manos del azar. Su obra, llena de plasticidad, supone un ejercicio de exorcismo en el que el propio autor adopta una nueva consciencia, otra identidad, para revelar la vulnerabilidad y lo efímero del cuerpo humano.

Religión, autodestrucción, humillación, crueldad… todos estos elementos forman parte de una propuesta que no deja impasible. En una sociedad que se aleja de lo terrenal, Nebreda se reafirma de la manera más radical: encontrando en la tortura una forma de purificación o regeneración que transita por estados como el sacrificio, la muerte, la resurrección, la reencarnación o el renacimiento. David Nebreda no se rige por un sistema de normas basadas en parámetros convencionales, sino que opta por construir un código propio sin apenas puntos de referencia del exterior, un lenguaje heterodoxo que exige un discurso estético diferente; alumbrando desde recónditos estados mentales no comprendidos aún ni por la ciencia ni por la teoría estética de nuestro tiempo. Nadie ha podido ser partícipe de su proceso creativo, ver cómo trabaja en su estudio, que es su propia casa, donde da forma a su propio mundo.

El artista madrileño no niega, de todas formas, que la historia del arte, al igual que la filosofía o la religión, han pasado por su vida entrando a formar parte de su propio bagaje cultural. De ellas ha tomado modelos compositivos e iconográficos que han enriquecido su universo cognitivo.

Texto: Carla Sanjuán.

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