España, líder en empleo… manipulado

Detrás de las cifras récord se oculta la precariedad: millones de trabajadores se incorporan temporalmente al mercado a través de cursos del SEPE con prácticas no remuneradas, mientras las empresas aprovechan mano de obra gratuita. El empleo crece en las estadísticas, pero no en derechos ni estabilidad real
19 de septiembre de 2025
Curso SEPE de cocina para trabajar en bares y restaurantes. Fotografía: Byakkaya.

El gobierno de España presume de récord de empleo, aunque gran parte solo existe en los registros oficiales. La Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2025 indica que el paro descendió en 236.000 personas, situándose en 2,55 millones, con una tasa de inactividad económica del 10,3%. Según el SEPE, en agosto había 2.426.511 personas sin trabajo, un 5,66% menos que el año anterior. La Seguridad Social contabiliza 21,66 millones de afiliados: 11,5 millones hombres y 10,17 millones mujeres, con incrementos interanuales del 2,32% y 2,17%, respectivamente. España lidera la generación de puestos de trabajo en Europa: 549.000 creados en un año, frente a 439.000 en Francia y 224.000 en Italia. Pero estos registros esconden una deficiencia que los indicadores oficiales no reflejan.

Gran parte de esta distorsión en las estadísticas proviene de los programas de formación gestionados por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Al concluirlos, los participantes realizan un período de prácticas no remuneradas en empresas, aunque son dados de alta de forma temporal en la Seguridad Social. Durante ese tiempo, dejan de figurar como inactivos y aparecen como “ciudadanos activos”, pese a jornadas mínimas y contratos fugaces. Millones de altas de corta duración engrosan las estadísticas, mientras la mayoría finaliza la formación y retorna al desempleo. Para las compañías, los aprendices representan mano de obra gratuita, con incentivos fiscales y la posibilidad de cubrir vacantes sin asumir compromisos estables. Para los registros oficiales y la interpretación mediática, esto contribuye a crear la ilusión de una mayor ocupación. Para el Estado y los medios, es un instrumento perfecto para sostener una falsa ilusión de ocupación. Actividades que parecen trabajo, pero que en realidad no lo son.

Los cursos del SEPE son un factor relevante, pero no explican por sí solos la paradoja española. La alta temporalidad extrema, la rotación constante de contratos efímeros, la estacionalidad en sectores como el turismo y la construcción, y la proliferación de trabajos parciales y paupérrimos permiten que España encabece la creación de puestos laborales y, al mismo tiempo, mantenga una de las tasas de paro más elevadas de Europa. Mucho trabajo, escasa estabilidad.

La rotación es vertiginosa: 1,32 millones de personas se incorporan al mercado laboral cada trimestre y 1,03 millones lo abandonan, lo que equivale a un 10,7% de la fuerza de trabajo sometida a cambios continuos. En países donde los empleos son más duraderos, como Alemania o Italia, esta dinámica es casi inexistente; en España, constituye la rutina. Cambio constante, vulnerabilidad permanente.

El contraste entre los registros oficiales evidencia otra cara de la realidad manipulada. La EPA señala 2,55 millones de personas sin ocupación, mientras que el SEPE reporta 2,426 millones. La Seguridad Social refleja afiliaciones ocasionales, parciales y derivadas de prácticas, con variaciones mensuales negativas (-0,91%) y crecimientos anuales positivos (+2,25%). Las mujeres representan el 60% del desempleo, recordando que la desigualdad sigue vigente.

La distribución del desempleo por comunidades autónomas evidencia desequilibrios manifiestos: Andalucía concentra 592.611 personas sin trabajo, Cataluña 327.365, Madrid 280.090 y la Comunidad Valenciana 296.754. Baleares y Canarias muestran desocupación estacional vinculada al turismo; Ceuta y Melilla presentan tasas altas respecto a su población. No existe un modelo estatal de ocupación sólido: algunas regiones dependen de prácticas y acuerdos laborales temporales, y los contratos fijos siguen siendo un privilegio de pocos. El trabajo real se reparte con desequilibrios que profundizan la fractura territorial.

Funcas, el laboratorio de ideas de la Fundación de las Cajas de Ahorros, prevé un crecimiento del PIB español del 2,6% en 2025 y del 2% en 2026, con aumentos de ocupación del 2,3% y del 1,6%, y tasas de paro del 10,6% y del 10,2%, respectivamente. Aunque estas cifras muestran un panorama optimista, la precariedad continúa siendo la norma: buena parte del aumento de la actividad procede de contratos temporales y prácticas sin remuneración. La economía puede expandirse y el desempleo descender, pero la seguridad y la calidad del trabajo siguen ausentes. Gran parte de lo que se contabiliza como “empleo” es, en realidad, un parche temporal, inestable y sin proyección futura.

Los incentivos para las empresas son evidentes: los alumnos del SEPE representan mano de obra gratuita, con beneficios fiscales y reducción de cuotas a la Seguridad Social. Esto genera un círculo perverso: las compañías se acostumbran a cubrir vacantes mediante prácticas en lugar de ofrecer contratos estables, inflando los números mientras la falta de consistencia estructural persiste. Los estudios de mercado y las previsiones económicas ignoran este factor, centrando la atención únicamente en la EPA, paro registrado y afiliación plena. La trampa de la ocupación se sostiene sobre una fragilidad que resulta imposible de ocultar.

España ha aprendido a falsear el empleo. El SEPE genera una expectativa de ocupación mientras millones de personas regresan al paro. Estadísticas, titulares y análisis de laboratorios de ideas se concentran en datos, ignorando la falta de solidez y la rotación constante. Se fabrica así un éxito que la gran mayoría no alcanza a vivir.

Si queremos un trabajo verdadero y digno, es imprescindible mirar más allá de los titulares y las cifras edulcoradas. Es urgente cuestionar la narrativa oficial, exigir información clara sobre la calidad del empleo y diseñar políticas que generen confianza, salarios justos y oportunidades auténticas. Hasta entonces, hablar de “récord de ocupación” en España es una trola, una ficción que favorece a unos pocos y perpetúa la miseria para la mayoría. Mientras la realidad no cambie, ¡los récords siguen siendo mentira!

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