miércoles, 30 de septiembre de 2020

Augusto Roa Bastos y el exilio perpetuo.

En la imagen, el maestro de la literatura paraguaya Augusto Roa Bastos. Fotografía de archivo.

El paraguayo Augusto Roa Bastos pasó a la historia como uno de los grandes autores sudamericanos de todos los tiempos. Este incansable literato tuvo hasta su fallecimiento, el 26 de abril de 2005, una trepidante y ajetreada vida.

Nació en la ciudad de Asunción, el 3 de junio de 1917, en el seno de una familia de origen español donde su padre ejercía un control total sobre cualquier decisión a tomar en el día a día del hogar. Su padre, Lucio Roa, trabajaba como gerente en una refinería de azúcar. Con un carácter totalitario y tosco, fue el primer ejemplo de represión que el niño Augusto experimentó en su vida. A los ocho años sufrió su primer movimiento hacia el exilio, yéndose a vivir con su tío abuelo Hermenegildo: un sacerdote serio y austero, pero a quien siempre consideró su padre. De aquel período, Roa Bastos comentaba que “a pesar de todo, había que tomar las cosas con serenidad, para intentar encontrar, incluso en lo peor, lo poco bueno que pudiera haber.”

En 1928 fue testigo de excepción de la Revolución paraguaya de febrero, liderada por Rafael Franco. Roa Bastos se alistó en la última etapa de la Guerra del Chaco contra Bolivia, en la Cruz Roja desempeñando misiones humanitarias. Poco a poco su actividad le fue acercando a las clases más necesitadas. El escritor paraguayo consideraba que la literatura en su país era un acto de servicio, y no un simple divertimento.

Tras la fallida Revolución de los pies descalzos entre marzo y agosto de 1947, tuvo que irse de Asunción hacia Buenos Aires, donde desarrolló labores de muy diversa índole, hasta que en 1976 fue obligado a abandonar Argentina rumbo a Francia, donde entró en la Universidad de Toulouse como profesor de literatura. En 1983 se le concedió la ciudadanía española y seis años después fue galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes.

Toda su obra, de alguna manera, está influida por esa marca personal y por todo lo sucedido en su país a lo largo de su vida. Aunque desde la distancia, el discurso cambia hacia una lectura universal de todos aquellos acontecimientos propios. Roa Bastos siempre afirmó que el tema del poder y la tiranía fueron el motor primario de su bibliografía, tanto en el plano personal y familiar como en el religioso o en el político. Fue esa represión la que le condujo a un estado de rebelión, dentro de una sociedad enferma por el afán de control y dominio.

Entre sus trabajos más destacados se pueden reconocer: “El trueno entre las hojas” (1953), “El baldío” (1966), “Madera quemada” (1967) y la antología “Cuerpo presente y otros textos” (1972). Con motivo del V Centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América, publicó la novela histórica “Vigilia del Almirante” (1992). Su prolífico espíritu literario alumbró una trayectoria de fecunda creatividad; además de numerosas novelas, libros de relatos y poemarios, escribió varios guiones cinematográficos, así como obras teatrales y antologías.

En 2017, la publicación de diversos cuentos y poemas inéditos formó parte de los actos previstos para festejar la celebración del centenario de su nacimiento. Ese año, Mirta Roa rememoraba la figura de su padre como “una persona que durante toda su vida nunca cambió su esencia, su interés por la democracia y por los más humildes”.

Texto: Pedro Sebastián.

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