
Casi peor que la negación del Holocausto y la banalización del genocidio judío, es la manipulación de los datos y la tergiversación sobre los que sufrieron en los campos de concentración del Tercer Reich, así como la evolución de los acontecimientos que pusieron fin a esta barbarie que asoló el viejo continente en los años treinta del siglo pasado, y que culminó con la victoria de las fuerzas aliadas el 2 de septiembre de 1945. Israel ya ha sacado rédito político de la masacre de judíos, mientras que Estados Unidos quiere hacernos creer que fue el protagonista principal de la contienda europea.
Auschwitz, como todos sabéis, o eso me imagino, fue un campo de concentración creado en la Polonia invadida, a unos 43 kilómetros al oeste de Cracovia, por los esbirros del nacionalsocialismo. Entre sus muros fallecieron más de un millón de personas y sufrieron miserias y fatigas un gran número de deportados, perseguidos por sus creencias, su condición política o, simplemente, por su raza, etnia u orientación sexual. Recientemente, el 27 de enero de 2025, se celebró el 80.º aniversario de su liberación.
A finales de enero de 1945, el Ejército Rojo llegó a las puertas de este terrorífico centro de exterminio, y su descubrimiento se convirtió en el ejemplo más palpable del horror y la criminalidad a la que puede llegar el ser humano. Este acontecimiento dio origen a un memorial que recibe cada año a millones de personas de todo el mundo, que llegan allí conmovidas por las historias y las imágenes de aquel macabro monumento al espanto.
Lo curioso de la conmemoración del 80.º aniversario de Auschwitz es que acudieron al acto representantes de los países aliados europeos y estadounidenses, e incluso una comitiva de Alemania, la potencia que en su día ideó esta máquina de aniquilación. Sin embargo, a los organizadores se les pasó por alto invitar a Rusia, cuyo ejército liberó el campo y evitó la muerte de un gran número de prisioneros.
¿Y por qué no se tuvo en cuenta a la Federación Rusa en dicha celebración? Podría explicarse por el hecho de que la URSS dejó de existir al desintegrarse como unión de repúblicas socialistas a principios de la década de 1990. Sin embargo, la verdadera razón radica en la rusofobia que impera en un Occidente belicista, decidido a erradicar la presencia de Moscú en la realidad política de nuestros días.
No disimularon en absoluto, porque si creyeran que Vladímir Putin no era merecedor de representar al país que liberó el campo de concentración debido al conflicto con Ucrania, podrían haber invitado a partidarios de la extinta Unión Soviética, miembros del Partido Comunista u otra comitiva que no tuviera vínculo alguno con el actual presidente ruso.
Lo que los promotores trataban de poner de manifiesto era un olvido premeditado de la labor soviética (o rusa, como prefieran) en el salvamento de un gran número de presos, muchos de ellos republicanos españoles, encerrados y torturados en ese maldito lugar, y hacer creer a las nuevas generaciones que el Ejército estalinista y los soldados que formaban parte de él no tuvieron nada que ver con la toma de Berlín.
Y es que la historia ha dejado huellas suficientes para desenmascarar a los propagadores de la mentira que desprecian la verdad de lo que realmente sucedió. Es un hecho incuestionable: los estadounidenses, más preocupados por otros intereses, llegaron a Italia en julio de 1943 gracias a la colaboración de la Mafia siciliana, en el marco de la denominada Operación Husky. Frente al temor de que Stalin se adueñara de toda Europa, los franceses, atrapados en su lucha interna con los admiradores de Pétain y la ocupación nazi, no podían hacer mucho más. Mientras tanto, los británicos estaban enfocados en salvar su imperio colonial, librando batallas contra Erwin Rommel en el norte de África, una región que dominaban políticamente.
El 80.º aniversario de Auschwitz ha sido una chapuza histórica que presenta un Auschwitz que nunca existió y que no rinde homenaje a la realidad de los hechos. Mientras, los clarines de la victoria resonaban en los telediarios de medio mundo, como si pudieran imponer sus bulos a quienes poseen un mínimo conocimiento de la realidad, confiando en que nadie les interpelaría por su osadía ideológica.
Quisieron erradicar la Unión Soviética, sustituyéndola por Rusia, porque pensaron que la demonización de Moscú sería un acicate para ganar la batalla de las ideas. Y después, todavía hay quienes se extrañan de que Putin haya tomado cumplida venganza, dejando a Europa con el culo al aire en el asunto de Ucrania y enviando un recado a Zelenski, nada menos que a través del presidente de Estados Unidos, lo cual es mucho más que un simple toque de atención. Si nos olvidamos de la Historia, corremos el riesgo de repetirla como farsa.
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