miércoles, 13 de noviembre de 2019

Las obsesiones sucesivas de Punset.

En la imagen, el mítico divulgador científico Eduard Punset en una de sus conferencias. Fotografía de archivo.

“No somos excepcionales. No somos el centro del cosmos. Somos unos recién llegados al teatro de la vida, que se remonta a más de tres mil millones de años. A la luz de lo anterior es muy difícil ir de fanfarrón.” (Eduard Punset)

Eduard Punset nació en Barcelona, el 3 de noviembre de 1936. Fue abogado, economista, escritor y divulgador científico. Desarrolló un papel destacado en la apertura de España al exterior como Ministro de Relaciones para las Comunidades Europeas. En referencia a su labor política en la etapa de gobierno de Adolfo Suárez, Punset manifestó que “en ese mundo, los cambios son muy parsimoniosos y sólo hay novedades por ráfagas; luego, pueden pasar cuarenta o cincuenta años de silencio”. Su participación en la política fue en plena ventolera de la Transición; rápidamente se percató de que lo nuevo estaba ocurriendo en el ámbito de la ciencia.

Durante dieciocho años, Punset puso en práctica en las madrugadas de La 2 su programa “Redes”, un proyecto audiovisual de divulgación científica que con los años se convirtió en un icono. Precisamente por su contribución a la difusión de aspectos relacionados con la investigación científica, médica y medioambiental a través de la televisión, su sitio web y sus numerosas conferencias y publicaciones escritas, en 2006, recibió el Premio de Periodismo Rey Jaime I, concedido por la Generalitat Valenciana.

Tras sus exitosos “Adaptarse a la marea” (Espasa, 2004) y “El viaje a la felicidad” (Destino, 2005), Punset publicó otros diez libros, cerrando su bibliografía “El viaje a la vida” (Destino, 2014).

La lectura pausada de las obras de Eduard Punset es darse cuenta de que la compresión de nuestro cerebro puede suponer el último escalón para la humanidad que hasta hoy se ha mantenido a oscuras y ha vivido equivocada, aceptando disparates como que somos capaces de tomar decisiones racionales o que podemos fiarnos de nuestros recuerdos. ¿Es el alma el resultado de reacciones químicas y eléctricas, tan sólo?, ¿depende el amor de unas simples conexiones neuronales?, ¿se puede manipular el pensamiento de otros?, ¿los artistas tienen un cerebro distinto?, ¿lo que sugiere nuestro instinto es lo que somos?, ¿nos engañan nuestras percepciones?, ¿tenemos el mismo cerebro que nuestros antepasados de la Edad de Piedra? Recorrer el universo punsetiano supone desaprender multitud de aceptaciones y descubrir otras tantas; como que la inteligencia se define por la capacidad de realizar predicciones o que la libre voluntad depende de la salud de la corteza prefrontal.

“El método científico es en nuestro tiempo el instrumento primordial para profundizar en el conocimiento. La adaptación al futuro sólo puede facilitarse desde la humildad de la Ciencia, que no tiene dogmas ni Papas”. Punset solía comentar que tenía la sensación de no haber trabajado ni un solo día a lo largo de su vida. Lo que para otros son obligaciones profesionales para él eran “obsesiones sucesivas”. Su aspecto, con cierto aire de doctor maligno, su gestualidad y su marcado acento contribuyeron a la configuración de una distinguida figura icónica que transcenderá al paso del tiempo (si es que este existe).

Texto: Pedro Sebastián.

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