Máxima inmoralidad: Albania no es Abisinia

El legado colonial italiano, aunque de escasa trascendencia, persiste en la retórica ultranacionalista actual. Meloni, con su afán por revivir la grandeza de Italia, no duda en aplicar políticas que contradicen la ley. Su decisión de expulsar a los migrantes a Albania refleja un peligroso desprecio por los derechos fundamentales, no sólo de los desplazados, sino también por los principios democráticos
18 de febrero de 2025
La primera ministra Giorgia Meloni, desafía a la justicia de su país. Fotografía: Stefano Costantino.

El colonialismo italiano fue de escasa extensión y se limitó a lo que hoy es Etiopía —que en la época del fascismo se llamaba Abisinia—, Somalia y una parte de Libia, con el visto bueno de Francia y el Reino Unido. Pese a la reducida hegemonía territorial, durante la etapa de Mussolini se vivía esa dominación africana con un evidente fervor patriótico, que llevaba a los jóvenes camisas negras a mostrar su adoración por Abisinia y a cantar en sus desfiles “Faccetta nera” (en italiano “Carita negra”), que combinaba con su atuendo de terror.

Es curioso que el fervor subyugador italiano haya resucitado con la llegada al poder de la nacionalista radical Giorgia Meloni, quien, pensando en la grandeza de Italia y en su afán imperialista por ensalzar los valores patrios, ha decidido que los inmigrantes sin papeles que hayan llegado al país transalpino se vayan con viento fresco a Albania, porque en el país de il Duce no caben refugiados ni pobres procedentes de lugares en los que sufren persecución o miseria económica.

Es la tercera vez que Meloni intenta deshacerse de los desplazados que llegan a su país. Y es la tercera vez que los jueces italianos la obligan a traerlos de vuelta. No han sido ni una, ni dos, sino tres las ocasiones en las que la primera ministra pretendió saltarse las decisiones judiciales, gastando una enorme cantidad de dinero en hacer su santa voluntad y dilapidando los impuestos de sus compatriotas.

Pero no es la superficialidad del dinero gastado lo más grave de las actuaciones de la representante de la extrema derecha italiana. Lo más preocupante de Meloni es su desprecio por los valores democráticos y la desobediencia a las decisiones de los tribunales, que son una prerrogativa del Estado. En un país con separación de poderes, estas resoluciones pueden apelarse si no se está conforme con ellas. Claro que el caso llegó hasta el Tribunal Supremo, que reafirmó su fallo contra el Gobierno italiano.

Ya veremos cuál es el siguiente paso de la lideresa de Hermanos de Italia, porque según parece no es muy partidaria de que se la contraríe. Sin embargo, lo lógico sería que diera marcha atrás y aceptara los reveses de los magistrados, ya que sin conocer a fondo el Código Penal de la República Italiana, Meloni podría estar incurriendo en un delito de prevaricación, lo cual no le favorecería en absoluto en los próximos comicios.

La animadversión hacia la inmigración no es exclusiva de Giorgia Meloni; este déficit democrático afecta a la extrema derecha italiana en su conjunto. Un claro ejemplo es el caso de su correligionario ideológico, aunque en otra formación, Matteo Salvini, quien en junio de 2019 impidió durante más de dos semanas que el barco de la oenegé alemana Sea Watch, con 42 migrantes rescatados en el Mar Mediterráneo, pudiera atracar en el puerto de Lampedusa, a pesar de que muchos de ellos se encontraban en un estado de salud muy delicado. Sólo la determinación de la capitana, Carola Rackete, logró que la embarcación arribara y los pasajeros pudieran poner pie en tierra.

En el caso del envío de refugiados a Albania, como si fueran simples paquetes, cabe señalar que en Tirana no dicen ni mu, y posiblemente apoyen la acción del Gobierno italiano, ya que esto podría traer consigo una suculenta compensación económica. Albania fue, en su tiempo, una oscura mafia estalinista que contaba con la colaboración maoísta de un tal Enver Hoxha. Sin embargo, ahora parece que el Ejecutivo albanés se ha convertido en un compendio de intereses particulares y políticos, donde la corrupción se ha vuelto un lugar común.

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