domingo, 27 de septiembre de 2020

Mentiras arriesgadas y geopolítica.

Un hombre carga a un niño herido mientras camina sobre los escombros de Guta. Fotografía: Bassam Khabieh.

Menos de 24 horas después de que las bombas americanas y anglofrancesas cayeran en Siria, las tropas del Ejército de Damasco habían derrotado contundentemente y hecho huir a las milicias del Estado Islámico en la zona de Guta, donde la propaganda de los mal llamados aliados había ubicado los famosos ataques químicos contra la población por parte de las fuerzas de Bachir Al-Assad, lo que hace preguntarse a mucha gente con sentido común, ¿para qué coño van a lanzar bombas químicas contra unos yihadistas que huyen si van a ocupar la zona en pocos momentos?

A nadie en su sano juicio, y sobre todo si no es una gran potencia, se le ocurre meterse en un jardín como el de las armas químicas si ya tiene la guerra prácticamente ganada. Eso sólo lo puede hacer un hijo de puta como Franco que mató a miles de españoles una vez acabado el conflicto en España, aprovechando que las naciones más influyentes estaban pegándose tiros o al asesino de Harry Truman que lanzó dos bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki cuando los japoneses estaban a un tris de rendirse, y todo para probar el nuevo armamento criminal.

Aunque sólo sea por economía de medios, los gobernantes cuestionados se miden muy mucho de provocaciones al enemigo que está esperando un traspiés para endilgarle un bombardeo, aunque sea con el pomposo sinónimo de operación quirúrgica. Además, Siria está tutelada por Rusia y el Kremlin no estaría dispuesto a permitir a su tutelado que ponga en riesgo sus intereses estratégicos en la zona por una cuestión de orgullo mal entendido.

Por esa razón, el documento filtrado en los medios de comunicación en el que se evidencia que el ataque químico de Siria fue una farsa y un invento de los poderosos servicios secretos británicos, según denuncian además dos médicos del hospital de Guta en el que, teóricamente, se produjo el bombardeo, fue rápidamente tomado en consideración por oenegés y organismos internacionales neutrales y no causó sorpresa entre los periodistas occidentales que cubren el conflicto.

El objetivo del falso ataque era justificar el bombardeo contra las tropas de Al-Assad y la explicación a la opinión pública de la preocupación de Occidente por un pueblo y por los derechos humanos en la zona. La paradoja viene cuando uno de los países atacantes es Israel, que días antes gaseó a ciudadanos palestinos provocando decenas de muertos, sin que los avalistas de los bombardeos a Siria mostrasen la más mínima inquietud.

No es la primera vez que Estados Unidos manipula a la opinión pública para justificar el uso de la fuerza. En España conocemos el caso del buque de guerra Maine, que los norteamericanos utilizaron para culpar a nuestro país y entrar en la guerra de Cuba a finales del siglo XIX, con el mendaz propósito de quedarse con esas tierras y expoliar a sus habitantes y no de facilitar la independencia del país, hasta que llegó Fidel y mandó parar.

Después del escándalo del Maine, hubo múltiples ocasiones en las que los servicios secretos americanos mintieron al mundo entero para sacar ventaja de sus fechorías. Ahí están las más recientes bombas de destrucción masiva de Irak, el famoso cormorán de Kuwait y las falacias sobre Ucrania. Si engañaron tantas veces, qué hay de raro en que vuelvan a engañar. Para ser mentirosos hay que ser inteligentes, y éstos no lo son en absoluto. Primero, hay que tener buena memoria para no cagarla cuando te preguntan; luego coherencia política y mediática, y finalmente una trayectoria limpia que, a juzgar por los antecedentes delictivos del país que ahora preside Donald Trump, está muy lejos de ser considerada.

Hay varios motivos por los que Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña (pero también Israel y Canadá, con el estúpido y acrítico apoyo logístico de Mariano Rajoy) decidieron bombardear Siria. En primer lugar, salvarle el culo al Estado Islámico, creación estelar del espionaje occidental que, después del éxito de los muyahidines en Afganistán, clonaron con gran entusiasmo. Otra razón sería evitar el ridículo del presidente de Estados Unidos, cuya fanfarronería llega a amenazar a todo bicho viviente. Llegado el punto de dar marcha atrás de manera cobarde en su pulso con Corea del Norte, era impensable que el mundo entero se creyera las bravatas del loco pelirrojo si hacía lo propio con Damasco.

Pero el motivo fundamental del ataque era obedecer las órdenes de Tel Aviv y el lobby sionista estadounidense para que dejara Siria como un solar y luego se pusiera a hacer lo propio con Irán para que comenzara a tener efecto la teoría del Gran Israel, es decir, expandir el territorio de la nación hebrea, a costa de sus vecinos, para dominar geoestratégicamente Oriente Próximo. Pero el miedo a la reacción de Rusia y las divisiones entre los países hicieron fracasar la operación y dejarla a medias.

Para consternación de algunos, el Ejército sirio está ganando la guerra y los islamistas huyen como ratas del territorio, me imagino que para seguir siendo útiles en otra zona del mundo y cumplir con los deseos de los señores de las barras y las estrellas. El Gran Israel tendrá que esperar un poquito y la CIA deberá cambiar de estrategia porque aquí hasta el más tonto ha descubierto el truco.

Texto: Vicente Bernaldo de Quirós.

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