Rebeldía, libertad y magia en Villa Kunterbunt.

Pipi Calzaslargas acompañada por su inseparable amigo el Señor Nilsson. Fotografía de archivo.

El origen de Pippi Långstrump, quien el pasado fin de semana celebró su 75 cumpleaños, se remonta a 1941 cuando Karim, hija de Astrid Lindgren, creadora del inolvidable personaje, enfermó de neumonía. Fue entonces en realidad cuando a propuesta de la niña la escritora nacida en Vimmerby creó a Pippi para entretener de esa manera a la criatura en la convalecencia de su enfermedad.

Después de contarle a su hija un sinfín de historias sobre Pippi, la célebre autora decidió finalmente llevar aquellas aventuras al papel, entregándole a su hija tres años más tarde, con motivo de su décimo aniversario, el manuscrito del libro. La obra sin embargo no se publicaría hasta 1945 tras ganar un premio literario convocado por una editora, después de que el principal grupo editorial sueco hubiera rechazado el original.

El icónico personaje de aquellos años de la infancia (sin ningún género de dudas fue mi primera heroína infantil) acabaría haciéndose universal, siendo sus libros traducidos a más de un centenar de idiomas con millones de copias vendidas, un éxito impulsado si cabe a raíz del éxito de la famosa serie de televisión estrenada, con guiones de la propia Lindgren, en el año 1969, si bien en nuestro país por esas cosas de la censura no empezaría a emitirse hasta 1974 con el título de “Pippi Calzaslargas”.

Así que hoy, lo mismo que entonces, ¡felicidades, Pippi!

Texto: César Inclán.

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