miércoles, 13 de noviembre de 2019

Sudamérica: El despertar de los pueblos.

Un manifestante cubierto con la bandera ecuatoriana durante una protesta contra el presidente. Fotografía: Henry Romero.

Priorizar el Capital sobre la Sociedad trae consigo resultados funestos. Durante un cuarto de siglo (entre los últimos veinte años del siglo XX y comienzos de siglo XXI) el mercado era quien gobernaba Sudamérica. El neoliberalismo, importado desde Estados Unidos y fomentado por el Fondo Monetario Internacional, era la ideología prevaleciente, las maravillas que planteaba el modelo convertían a sus más acérrimos críticos en defensores del mismo, y estas ideas se imponían en el diseño y aplicación de las políticas estatales.

La sociedad es más igualitaria entre sus miembros cuando el índice Gini, que mide la desigualdad de ingreso, se acerca a cero. En la primera mitad de período (1980-2017) la desigualdad es predominante en la región. En este contexto, en los albores del siglo XXI surgen gobiernos progresistas que demostraron ser más eficaces en la reducción de las desigualdades políticas, económicas y sociales que el mercado. Estos gobiernos, llamados populistas de manera despectiva, son considerados una amenaza a la estructura social de acumulación de capital por lo que la restauración neoliberal empieza con la destitución del presidente paraguayo Fernando Lugo, seguido por el impeachment brasileño a Dilma Rousseff, la reelección de Piñera en Chile, el viraje a la derecha en Argentina con Macri, y en Ecuador con Moreno.

Terminando la “década ganada”, se produce una ola de protestas siendo las más significativas las de Ecuador y Chile. En el primer caso, debido a la política de eliminación de la subvención a los combustibles, el movimiento indígena después de acorralar al gobierno —que mueve la sede de gobierno de Quito a Guayaquil—, logra la derogación del decreto 883. El segundo caso es bastante peculiar, ya que por tradición Chile y Colombia han sido el bastión neoliberal de la región. Así en Chile, levantar el Estado de Emergencia dictado por Sebastián Piñera —con más de diecinueve fallecidos— no logra calmar la convulsión social provocada por el alza de tarifas de transporte del Metro de Santiago. En Colombia el heredero de Uribe, Iván Duque, se enfrenta a un paro nacional como resistencia al Plan Nacional de Desarrollo que involucra medidas lesivas en materia laboral, pensiones y otros. Brasil no ha dejado de protestar frente al ultraderechista Bolsonaro. En Argentina, siempre convulsionada, Mauricio Macri es derrotado en las urnas por Alberto Fernández, candidato peronista. Por otro lado, Venezuela y Bolivia, constantemente hostigadas, enfrentan intentos de reinstauración neoliberal.

Dar prioridad al Capital sobre la Sociedad trae consigo consecuencias; una de ellas es la desigualdad, en la que los grupos de poder aprovechan la coyuntura a su favor sin importar el coste social que implique. Los conflictos sociales nacen a partir de la indignación, como resistencia al abuso, siendo necesarios para la transformación del sistema. La consecuencia más importante es el despertar de los pueblos ante el exceso de los gobiernos neoliberales y eso puede evidenciarse en la aseveración de la primera dama de Chile: “Vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás.”

Texto: Daniel Hinojosa Pimentel.

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