Un amplio abanico de la economía.

En la imagen, el agente de bolsa Peter M. Tuchman en Wall Street. Fotografía: Richard Drew.

El temor a una recesión inminente, que desató una fuerte turbulencia en los mercados financieros a finales de 2018 y principios de 2019, se ha calmado un poco.

Durante gran parte de 2018, la economía mundial parecía que estaba saliendo del atolladero en el que se estancó durante una década tras la gran recesión y la crisis financiera global. Sin embargo, la fase de crecimiento bajo, inflación baja y bajas tasas de interés no ha terminado. El Banco Central Europeo señaló que “el ritmo de crecimiento a corto plazo probablemente sea más débil de lo previsto anteriormente” y el Banco de Japón decidió mantener su política de estímulo ante posibles riesgos para su crecimiento. En los Estados Unidos, la Reserva Federal celebrará una reunión próximamente después de la cual es probable que decida mantener sin cambios la tasa de interés.

Aunque la economía mundial dio señales de vitalidad durante gran parte del año pasado, los problemas que la han aquejado desde hace una década siguen; entre ellos, el envejecimiento de la mano de obra en muchas de las economías más importantes, un crecimiento muy bajo en la productividad y un exceso en la capacidad industrial y el ahorro global. Se añade escasez de demanda en todo el mundo.

Estos factores vaticinan una época incierta: Puesto que los índices de crecimiento son bajos, es posible que las economías caigan en recesión y, en vista de que las tasas de interés son bajas, los bancos centrales tendrían a su disposición menos herramientas para aminorar las consecuencias de una desaceleración.

Algunos piensan que esta es una mala noticia para las perspectivas del salario de trabajadores en muchos países y para quienes esperan que se revierta la creciente tendencia de desigualdad, que se ha prolongado varios años. Puesto que los índices de crecimiento son bajos, es más fácil que las economías caigan en recesión.

Hay que advertir que los mercados colapsaron durante las últimas semanas de 2018 en gran parte debido al temor de que la Reserva Federal estadounidense aumentara las tasas de interés en una proporción mayor a la que la economía pudiera manejar. Si la tasa es más alta, la gente tiende a consumir menos y es menos propensa a gestionar créditos.

Ahora que la economía mundial depende mucho de estímulos para lograr incluso un crecimiento pequeño, no hay mucho espacio de maniobra para amortiguar una reacción negativa a los cambios. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, hay mayor vulnerabilidad a la posibilidad de caer en recesión por varios factores, como el cierre de la administración pública —que duró más de un mes— o las posibilidades de una guerra comercial como la que se ha estado gestando en China.

Lo que a nosotros nos queda claro es que la economía se despliega con un amplio abanico de factores no completamente determinables.

Texto: Guillermo Menéndez de Llano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Watch Dragon ball super