A cabezazos contra la Torre Eiffel

El futuro de Emmanuel Macron pende de un hilo. En un intento por salvar su mandato, ha optado por estrategias arriesgadas, como la designación de un primer ministro afín, François Bayrou, mientras enfrenta las consecuencias de su propio desdén por la izquierda. La ultraderecha observa con atención, esperando que sus errores le permitan a Marine Le Pen hacerse con el Elíseo
13 de diciembre de 2024
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, al borde del precipicio. Fotografía: Arnaud Journois.

Se dice que son muy previsibles los pasos que dará el presidente francés, Emmanuel Macron, para intentar deshacer el entuerto que lo llevó a escoger a Michel Barnier como primer ministro, un fugaz jefe de Gobierno que sólo duró tres meses y que fue la baza utilizada por el ególatra inquilino del Palacio del Elíseo para falsear el resultado electoral de las últimas legislativas, que habían ganado la alianza de las izquierdas.

Gran parte de los analistas apuntan a que Macron tratará de dividir al Nuevo Frente Popular y encargará a un socialista del ala derecha ocupar la sede de Matignon, con tal de evitar la inclusión en el Gabinete de alguien de la Francia Insumisa, dado el odio que el máximo mandatario de Francia siente por su líder, Jean-Luc Mélenchon. Y aunque es cierto que algunos de los integrantes del socialismo francés están por la labor de dinamitar la unión, gran parte de sus correligionarios descartan su apoyo a una componenda de ese estilo, porque sólo redundaría en beneficio del propio jefe de Estado.

Recapitulemos para entender cómo se llegó hasta aquí. Después de que, en las elecciones europeas, el partido de extrema derecha que comanda Marine Le Pen obtuviera un número de votos muy elevado y se convirtiera en la primera fuerza del país, Macron, acojonado ante la posibilidad de que la Agrupación Nacional pudiera ganar las presidenciales y enviarlo a casa, convocó elecciones parlamentarias con el fin de disipar esa amenaza.

Efectivamente, en los comicios legislativos, la ultraderecha sufrió un fuerte bajón, pero esto fue consecuencia de la alianza electoral entre socialistas, comunistas radicales y ecologistas que conformaron lo que llamaron Nuevo Frente Popular. Esta alianza los llevó a la cabeza de las preferencias del pueblo francés, lo que agudizó las contradicciones de Macron, que no quería ni en pintura que el jefe del Gobierno se situara a la izquierda para evitar que sus intereses ideológicos y políticos, basados en recortes y retrocesos en las conquistas sociales, se vieran perjudicados.

Para evitar esta posibilidad, Macron obvió que la izquierda había sido la vencedora y nombró primer ministro a un oscuro representante de la derecha clásica francesa, Michel Barnier, quien prosiguió en el camino de ajustes económicos propiciado por el presidente y que intentó profundizar, pero se encontró con una moción de censura planteada por el Nuevo Frente Popular, la cual fue apoyada por la extrema derecha para hacer caer al estadista socioliberal del partido Renacimiento, antes denominado ¡En Marcha!

Lógicamente, la moción de censura barrió a Barnier y Macron, lejos de dimitir por sus trapisondadas, como le pedía la oposición, se hizo el sordo y planteó seguir, nombrando a un jefe de Gobierno más afín a su onda, como es el fundador del Movimiento Demócrata, François Bayrou, quien, a pesar de haber sido ministro de Educación entre 1993 y 1997 —un período marcado por dos gobiernos de la derecha moderada, primero durante la cohabitación con el socialista François Mitterrand y luego bajo la presidencia de Jacques Chirac—, tomó la decisión de jugar la baza de dividir al Nuevo Frente Popular, con la idea de que un socialista manejable se traslade al Hôtel de Matignon, sin darse cuenta de que la Francia Insumisa es la que más fuerza y representantes tiene en esa alianza y que muchos socialistas se oponen a la maquiavélica jugada del presidente francés.

¿Le puede salir bien la operación a Macron? Sí, pero también puede fracasar. Y es más que probable que lo haga. Entonces, ya no le quedarán más cartas bajo la manga y posiblemente tendrá que darse cabezazos contra la Torre Eiffel, porque su terquedad le hará perder la opción de revalidar su cargo de jefe de Estado.

A Marine Le Pen le interesa que Emmanuel Macron fracase porque cree que así tendrá más posibilidades de conquistar el Elíseo en unas futuras elecciones presidenciales. Y a la izquierda también le viene bien otro traspié del tipo que en su día pusiera a su partido las iniciales de su nombre y apellido (¡En Marcha!), que aquí en Asturias sabemos algo de eso. Si el presidente fracasa en su nueva maniobra, podría quedar descartado para los próximos años en el Elíseo, y también la izquierda tendría posibilidades de rebasarlo en votos. Será la manera de conocer qué hará la derecha republicana francesa en una segunda vuelta entre la ultraderecha y un candidato de la izquierda plural. Yo tengo mi opinión, que de momento me guardo.

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