Arre borriquito, vamos a Belén…

Una familia se resguarda de la nieve, en un campo de refugiados sirios al este de Líbano. Fotografía: EPA.

Mediados de diciembre, la temperatura sigue en descenso. La vista de familias durmiendo en la calle es una escena del devenir en la capital del reino, cuyos munícipes no son capaces de organizar una acogida en este tiempo de buenas intenciones. En fin, niños durmiendo a la intemperie en Madrid y 479 camas libres. Berlanga ya evidenció en 1961 en su grandiosa “Placido” aquel “pon a un pobre en tu mesa en Navidad”. Pero parece que los herederos del régimen ya no tienen querencia por las costumbres de aquellos días de luceros y banderas victoriosas.

Y es que vuelve la hipócrita y bizarra Navidad, una época disparatada de aberrante dispendio. Cojonudo regalo para que a los más pequeños les quede un futuro de mierda. ¡Jódete, Planeta!

Una tradición indigna, con consecuencias de extrema gravedad: los niños migrantes ahogados en el Mediterráneo no salen en las noticias y no resucitarán jamás. Lo que sobran son simbólicos muñecos para reponer —en las tiendas chinas hay a patadas—, en especial si están vacíos de contenido. ¡Cuestión de “luces”!

Mientras tanto, los politiculos ezpanistanís, respondiendo a su inane condición de incompetentes erectos, tratan de cegarnos con el fulgor de los adornos de bulevar y las luces que a ellos les faltan, para hacernos creer que a ese agresivo derroche —contra el Planeta y los recursos sociales— y al consumismo gilipoide se reduce la milenaria leyenda del Portal de Belén, y no al humanismo, la conmiseración y el amor. ¡Portal de compras!

Anuncia el titular de un periódico de provincias: “Intentan robar el Niño Jesús de la Plaza de la Catedral de Oviedo y le rompen un dedo”. Añade la perspicaz periodista que los hechos fueron denunciados ante la Policía Nacional, que está investigando lo sucedido con ayuda de las imágenes recogidas por las cámaras de videovigilancia instaladas en el Nacimiento.

Dicho lo dicho, sólo queda desearos a todos una ¡Feliz Nimiedad!

Texto: Miguel Aramburu.

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