domingo, 27 de septiembre de 2020

Batallas informativas en tiempos de crisis.

Antonio García Ferreras, directivo de La Sexta y de la corporación Atresmedia. Fotografía: Pablo Vázquez.

Siempre oí que los periodistas sólo dejaban de serlo cuando se morían. No sé si es por lo vocacional del oficio o porque tiene mucho morbo acumular información y poder, que dicen que es lo que tiene esta profesión que, como bromeaba un viejo colega de redacción, ya fallecido, está formada por porteras con bachiller.

Sea de una forma u otra, a mí eso de seguir en la palestra, aunque ya no estemos en la primera línea de fuego, me parece bastante certero y procuro estar al cabo de las noticias y, en especial, preocupado por los derroteros de una profesión que anda un tanto despistadilla en cuanto a objetivos se refiere.

Como el Gobierno ha declarado a los medios de comunicación como servicio esencial, los periodistas hacen su trabajo de manera muy intensa en esta crisis pandémica que nos asuela, informando como pueden, saben o les dejan, sobre las consecuencias de esta enfermedad.

Por eso me he enterado de que las ruedas de prensa iniciales con las que el equipo de seguimiento del virus informaba a la población no gustaban sobremanera a los dirigentes editoriales. A mí me parecían razonables, dada la gran cantidad de compañeros acreditados en La Moncloa por causa del bicho (me refiero al virus y no a Pedro Sánchez) que hacían imposible por excesivamente largas las comparecencias, pero puedo entender que a algunos el sistema no les convenciera.

Ha sido tal el rechazo de determinados medios de comunicación a las antiguas ruedas de prensa que las editoras de Vocento y Unidad Editorial advirtieron que no asistirían a ninguna conferencia más si se seguía ese sistema. Perdón por el inciso, pero a uno le parece que más que la eficacia de la fórmula, a los dos grupos de la derecha y extrema derecha española les interesaba más erosionar al Gobierno progresista que otra cosa.

De todas las maneras, el sistema se modificó y el efecto de la nueva modalidad no ha cambiado demasiado, salvo que las ruedas de prensa son ahora mucho más largas, no sólo porque no hay selección de preguntas, sino porque algunos compañeros se recrean en sus reflexiones previas a los interrogantes y sueltan unas peroratas de aquí te espero.

Decía antes que me parecía que el fin verdadero de las advertencias de Vocento y El Mundo tenía más que ver con la pertenencia a un gobierno progresista del actual equipo de seguimiento del virus que a la eficiencia del sistema. Y me reitero en esa reflexión cuando haciendo memoria recuerdo que aquellas infames comparecencias de Mariano Rajoy en La Mocloa, en unas supuestas ruedas de prensa sin preguntas en lo que se llamó comparecencias de plasma, no tuvieron reproche excesivo por parte de determinados medios y mucho menos amenazas de inasistencia a las mismas, salvo algunos pequeños pellizcos de monja del personal, excepto de los periodistas de clase que se tiraban de los pelos.

Pero es que, curiosamente, esas mismas editoras que tanto protestan por la limitación de la libertad de expresión con Pedro Sánchez, muestran una complacencia orgásmica con la Junta de Andalucía que les paga por hablar bien del “trifachito”. Obviamente entre los beneficiarios de los “sobres” de Juanma Moreno Bonilla están El Mundo y ABC. Para mear y no echar gota.

Pero todavía hay más comportamientos que dejan patidifusos a los que entienden la libertad de expresión como un bien, si nos fijamos en la actitud de las editoriales de prensa españolas que reclaman ayudas múltiples al Gobierno para salvare el pellejo económico (cuando siguen saliendo cada día sin ningún tipo de cortapisas, vendiendo periódicos y escamoteando revistas de fin de semana) y tratan de imponer a sus plantillas ERTEs más allá de los que acepta el Ejecutivo por fuerza mayor. Es decir que aprovechando que el COVID-19 se ceba sobre los hospitales de media España, nuestros grandes profesionales de los medios de comunicación, rama edición, se desembarazan de una parte de la plantilla (los profesionales menos sumisos, “Of course”) y quieren que les paguemos entre todos la orgía.

Espero que el Gobierno de España tome nota de este abuso de posición dominante de determinados medios de comunicación y pongan coto a algunos de estos recortes de plantilla que afectan a la calidad del producto. O dicho en “román paladino”, la información en tiempos de crisis claro que es esencial, pero lo que yo no tengo tan claro es que sean esenciales algunos periódicos y algunas radiotelevisiones privadas. Como dicen los expertos, cuando todo esto acabe, habrá que reflexionar sobre el particular y tomar las medidas oportunas para que cada palo aguante su vela.

Texto: Vicente Bernaldo de Quirós.

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