
Estados Unidos se levantó sobre los territorios arrebatados a los pueblos nativos americanos, y luego ocupados mayoritariamente por inmigrantes europeos, algunos huidos de la ley y de conflictos personales, otros que escapaban de persecuciones religiosas o buscaban una vida mejor. Paradójicamente, la nación que se jactaba de ser “la tierra de oportunidades” se ha convertido en un país autárquico y tremendamente cruel, que despoja y maltrata a quienes hoy sólo buscan lo que los primeros asentados ansiaban.¿Cómo es posible que la historia se repita, pero al revés, golpeando hoy a quienes sólo buscan sobrevivir?
La política migratoria del actual Ejecutivo estadounidense en Guantánamo dibuja un tablero de poder donde los seres humanos son simples fichas y la justicia, un peón olvidado. Los que buscan protección son trasladados a la base naval sin recibir información, sin contacto con sus familias y etiquetados como “criminales peligrosos” sin pruebas. Esta estrategia, sumada a medidas económicas agresivas como la descontrolada subida de aranceles, no sólo amenaza la estabilidad interna, sino que también sacude la reputación global de Estados Unidos.
La base naval de la bahía de Guantánamo, ubicada en suelo cubano, es una instalación totalmente ilegal desde los puntos de vista ético, histórico, jurídico y político, según el doctor en Ciencias Históricas Elier Ramírez, subdirector del Centro Fidel Castro Ruz. Ramírez subraya que su presencia vulnera todas las constituciones aplicables, incluida la Carta Magna de 1901, en la que Estados Unidos introdujo la Enmienda Platt, un anexo intervencionista con el que afianzó su dominio sobre la isla. Esta ilegalidad estructural agrava la gravedad de los tratos degradantes, transformando la detención de personas desplazadas en un acto no solo inhumano, sino también ilícito.
Ya en 2024, organizaciones como el International Refugee Assistance Project (IRAP) alertaron sobre la situación del centro. Sus informes denunciaban higiene deficiente, atención médica inexistente, falta de comunicaciones confidenciales, familias con niños conviviendo con adultos desconocidos y deportaciones a países inseguros. No se trataba de un episodio aislado, sino de un patrón que anticipaba lo que vendría.
Las deportaciones masivas a la base militar comenzaron el 8 de febrero de 2025, poco después de la segunda investidura presidencial de Donald Trump, el 20 de enero. La prisión, tristemente célebre durante la “guerra contra el terrorismo”, volvió a abrir sus celdas, esta vez para recibir en custodia a migrantes considerados “una amenaza”. Los planes contemplaban trasladar hasta 30.000, siendo los recién llegados los que ocupasen los mismos cubículos que antes albergaban bajo tortura a presuntos terroristas de Al Qaeda.
La oenegé Human Rights Watch (HRW) denunció el pasado 5 de septiembre la situación abusiva e inhumana que enfrentan los internos de Guantánamo. La investigación se basó en testimonios de una veintena de venezolanos trasladados allí a inicios de 2025. Estuvieron detenidos entre once y dieciséis días antes de ser deportados, y relataron experiencias de confinamiento absoluto, incomunicación y maltrato sistemático.
«Estuvimos incomunicados y sujetos a condiciones aberrantes», aseguró Juanita Goebertus, directora de HRW para las Américas. «Ningún solicitante de asilo que abandone su país en busca de protección debería ser llevado a un lugar como este».
Los reclusos permanecen en unidades de alta seguridad, en habitáculos individuales de cemento y acero, equipados únicamente con una cama de hormigón y un lavabo con retrete integrado. Pueden salir al patio como mucho una hora, siempre bajo la advertencia de no hablar con otros internos. La alimentación es insuficiente y de baja calidad, la atención sanitaria prácticamente inexistente, y las condiciones de higiene, deplorables.
«Lo peor fue el encierro, estar aislados, sin saber qué iba a pasar con nuestras vidas», declaró un hombre de 35 años. Ni él ni su familia fueron informados sobre el traslado, lo que aumentó la sensación de desamparo.
Estas condiciones extremas se suman al vacío legal que enfrentan los migrantes: obligados a usar gafas de protección y a permanecer en áreas inhabitables, infestadas de insectos y ratas, pasan más de seis meses antes de ser reasentados en un tercer país, expulsados a su lugar de origen, o, de manera excepcional, obtener un estatus migratorio legal en Estados Unidos. Además, el Departamento de Estado ha reconocido que las disposiciones de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, que regulan el asilo y la protección frente a la expulsión, no se aplican a quienes son interceptados en el mar, dejándolos en un limbo legal.
Convertir una instalación concebida para combatientes de guerra en un centro de internamiento de extranjeros equivale a negar derechos fundamentales a personas en extrema vulnerabilidad. El encierro prolongado, la falta de asistencia jurídica y la imposibilidad de contacto familiar constituyen violaciones muy graves de los principios universales.
La presión sobre Washington crece. HRW exige detener cualquier traslado adicional y garantizar que los migrantes sean tratados con dignidad, conforme a las leyes internacionales. Sin embargo, la política del actual Ejecutivo trumpista evidencia una intención clara de priorizar la represión y el desprecio por los derechos fundamentales, con consecuencias que exceden los principios básicos: socavan tratados globales y dañan la reputación de Estados Unidos en todo el mundo.
La tragedia de Guantánamo no es un incidente puntual. La historia de un país construido sobre tierras robadas y poblaciones desplazadas resuena hoy en la persecución de quienes buscan amparo y un trato equitativo. La gestión de Trump, con repatriaciones a discreción, encarcelamientos indefinidos y menosprecio por los derechos fundamentales, convierte la base militar en un símbolo de brutalidad y aislamiento. ¿Hasta cuándo permitirá la comunidad internacional que la vida humana se manipule como si fuera una pieza en el tablero de poder de una potencia imperialista? ¿Hasta cuándo permitiremos que la historia se repita con el mismo desdén por la dignidad de los demás?
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